Antes de la vejez: la madurez

Con anterioridad a lo que se califica como vejez, existe en el perro la fase denominada “de madurez”; es una especie de segundo período durante la edad adulta. La madurez es un período de plenitud para el perro, durante el cual se dan todas las modificaciones celulares, aunque éstas no sean perceptibles a simple vista, y que signifiquen el preámbulo de la tercera edad.

El envejecimiento es un proceso biológico progresivo que comienza, efectivamente, desde el nacimiento del perro y que se perpetúa, haciéndose cada vez más intenso, hasta el momento de la muerte. Este proceso, más intenso durante la madurez, es el responsable de modificaciones celulares, metabólicas y orgánicas en todas las especies animales, cuya importancia empieza a delimitarse mejor en los perros, y en particular, en los Labradores.

Antes de envejecer realmente, el Labrador llega, durante el estado de madurez, al punto que se puede considerar en el plano biológico como la fase de la vida en la que se da la verdadera transición del organismo hacia el estado de “perro viejo”.

Si es cierto que el envejecimiento es irreversible y sus numerosas teorías, varias de sus repercusiones a nivel celular, orgánico, conductual y sensorial se encuentran ahora mejor delimitadas. El mejor conocimiento de éstas últimas debe permitir al propietario del Labrador mejorar el cuadro higiénico global de su perro, en el cual una alimentación adaptada se convertirá en esencial y reducirá la consecuencia de factores que agravan el proceso normal de envejecimiento. Pensar en un Labrador maduro hace que se considere, de hecho, un período normal que comienza acia los 7 años y se termina….cuando se convierte en clínicamente viejo, lo más frecuente hacia los 9 años. Las modificaciones que aparecen entonces van a aumentar gradualmente la sensibilidad del perro a la enfermedad y al estrés.

Por lo tanto se considera que, a partir de los 6 años, el riesgo de mortalidad se duplica por cada año o cada dos años que pasan, según la vitalidad del individuo. Con la edad, la disminución del potencial fisiológico se objetiviza y hace que el animal se vuelva más vulnerable a todos los tipos de estrés, y al mismo tiempo, también hace que su protección inmunitaria disminuya frente a enfermedades infecciosas y parasitarias. Han de incrementarse, por lo tanto, el conjunto de las medidas prácticas de detección y prevención nutricional de los riesgos.

El envejecimiento y sus consecuencias: la esperanza del vida del Labrador

Numerosos y recientes estudios científicos han demostrado con claridad la influencia del tamaño del perro (una vez más) sobre la esperanza de vida del mismo,  parámetro biológico fundamental. Esta es, por desgracia para el Labrador, inversamente correlativa al tamaño: así, en la especie animal, el Dogo Alemán tendrá la esperanza de vida más corta, mientras que el Caniche Miniatura enano disfrutará de algunos años más de vida. De manera más pragmática, la mayoría de los investigadores en este campo están de acuerdo en distinguir razas “con alto riesgo” y razas “con bajo riesgo”, en lo que se refiere a dicha noción de esperanza de vida. Hay que hacer constar que, en todos los estudios llevados a cabo, el Labrador se encuentra en el grupo de razas “con alto riesgo”, lo que conlleva que el propietario tenga aún más en cuenta, si cabe, la importancia que hay que darle a la gestión preventiva.

El más reciente de los estudios realizados (Saillard 2000) proporciona datos precisos sobre la longevidad media del Labrador. Ésta es de 10.1 años para el conjunto de la población, con una ligera ventaja para las hembras (10.2 años para éstas frente a 10.1 para los machos).

Impacto del envejecimiento en el organismo

Los efectos de la edad presentan particularidades ineludibles y universales:

  1. Son irreversibles.

  2. Son progresivos.

  3. Afectan a numerosos órganos.

  4. Se alteran los mecanismos fisiológicos vitales.

  5. Admiten numerosas variaciones individuales.

Los signos de envejecimiento en el Labrador poseen un carácter insidioso cuando hace su aparición. Al comienzo, pueden manifestarse como simples alteraciones del comportamiento, materializándose en alteraciones del sueño, pérdida de vivacidad, olvido de todo lo aprendido y una capacidad cada vez más lenta para orientarse en el espacio. También aparecen modificaciones dermatológicas, ligadas a una regeneración menor del conjunto de las células de la piel: pelo más seco, piel más gorda…Asimismo, la silueta del perro cambia, ya que se produce una pérdida de tejido muscular en beneficio de una invasión de tejidos adiposos. Los Labradores de mayor edad tienen tendencia a comer mucho menos, ya que pierden gradualmente la sensibilidad de sus sentidos: visión, oído, gusto, y olfato. A todo esto hay que añadir numerosas alteraciones fisiológicas, con disminución del tránsito digestivo, y tendencia a las alternancias de estreñimiento/diarrea, a veces incontinencias urinarias y fecales, así como la aparición de enfermedades ligadas al envejecimiento.

  1. Un aumento de los depósitos adiposos; el Labrador está más gordo y no moviliza bien los lípidos.

  2. Una disminución en la hidratación del organismo, lo que perjudica su buen funcionamiento.

Algunas funciones no digestivas están alteradas:

  1. Reducción de la protección inmunitaria.

  2. Disminución de la resistencia al frío, de la capacidad de combatir al calor.

  3. Afectación progresiva de la función renal.

  4. Desmineralización lenta del esqueleto.

  5. Destrucción de las membranas celulares por efecto del denominado “estrés oxidativo” de la membrana.

  6. Aumento de las insuficiencias hepáticas o cardíacas.

  7. Incremento evidente de la frecuencia de los tumores cancerosos o no.

  8. El pelo se vuelve blanco y frágil.

Las funciones digestivas también se ven alteradas:

  1. Después de la edad mencionada precedentemente, la dentadura puede causar problemas al animal, con la formación de sarro contra el cual habrá que luchar que es responsable de inflamaciones e infecciones de las encías que pueden llegar a descarnar los dientes;

  2. La producción de saliva es menor cuando el perro engorda y el tejido adiposo invade las glándulas salivales;

  3. El tránsito digestivo (progresión de los alimentos por el tubo digestivo) se hace más lento debido a la menor tonicidad muscular de los intestinos, lo que expone al perro a fases de constipación seguidas a menudo por episodios de diarreas;

  4. El intestino es cada vez menos capaz de adaptarse a una modificación del alimento, el cual deberá permanecer constante imperativamente, mientras que algunos fenómenos de absorción son menos eficaces, haciendo necesario un alimento hiperdigestible.

 Los sentidos y el comportamiento del perro también se modifican:

  1. la disminución de la agudeza visual y la pérdida de la audición son frecuentes;

  2. puede producirse una degradación del olfato;

  3. el animal se vuelve apático porque es más débil y menos resistente, por lo cual habrá que darle una cantidad reducida de energía en su alimento.  

Un perro viejo será mucho más sensible a los contactos humanos cotidianos y buscará la compañía desu amo, dando más importancia a las horas de la comida.

No obstante, para que el perro se mantenga en forma durante el mayor tiempo posible, y para que pueda beneficiarse de toda su esperanza de vida, la alimentación debe permitirle paliar la mayor sensibilidad debida a su edad. Se sabe que cualquier error alimentario, independientemente de la edad, puede acelerar el proceso de envejecimiento.

Fuente: Royal Canin. “ENCICLOPEDIA DEL LABRADOR”, Aniwa Publishing. París, 2003.